Andreina, Mujer Valiente y Luchadora

 

“Otra vez tuve que migrar porque soy madre y padre para mis tres hijos”, con estas palabras inicia el relato; y es que emprender un viaje a un lugar desconocido también es de valientes, y mucho más cuando se deja a la familia y seres queridos sin saber cuándo se volverán a ver.

En cada maleta y en cada mirada que llegan y salen del Centro de Migraciones hay anécdotas y vivencias que contar. No solo son los huéspedes que van de paso, sino historias de vida que se teje y logran construir en el tiempo de estadía la casa. 

Esta es la historia de Andreina Torrealba, 27 años de edad venezolana, quien llegó a Colombia buscando una esperanza y un sueño, dejando a sus 3 hijos y una madre en delicado estado de salud quien “toma un medicamento que cuesta mucha plata, ya en Venezuela se trata es de dólares, ya no es bolívares”.

Sollozando narra como tuvo que separarse de sus seres queridos, “no me los traje por el miedo y la inseguridad de llevarlos a un lugar incierto y desconocido”.

“Viajé por las necesidades que está pasando mi familia”

Lo que la motivo a dejar su país y familia fue la necesidad de alimentación, educación, salud y un sinfín de situaciones precarias por las que están atravesando. Sacar adelante a la familia es el objetivo por el cuál emprendió esta travesía en un país nuevo con todo y los cambios que conlleva.

Esta mamá luchadora viajó en cola desde su cuidad Barquisimeto hasta Cúcuta; cuenta que este es el segundo intento que hace de establecerse en la ciudad de Nortesantandereana, en ese momento duró cinco meses en una finca recolectando café, después trabajó en una recicladora, pero la situación fue muy difícil y volvió a su lugar de origen con las manos vacías. 

Para su segundo arribo a Cúcuta lo hace con las esperanzas de una vida mejor llegando como huésped del Centro de Migraciones y para esta ocasión, viene con una meta trazada, con la idea de emprender un negocio y de luchar por lo que quiere, un futuro para sus hijos donde puedan estudiar y gozar de una vida digna.

No ha sido fácil para ella pues ha tenido que sortear todo tipo de situaciones estando en tierras lejanas, indocumentada y sin un techo donde dormir, solo con el amparo de la calle. Con los días se enteró por una amiga que conoció la vez primera que migro de la asistencia humanitaria que ofrecen en el Centro de Migraciones a personas que vienen desde Venezuela.

La estancia en el centro de migraciones ha sido agradable como nos cuenta, “tenia tiempo que no comía fruta, ensalada, jugo y la atención también gracias a Dios”